Alzheimer: La profundidad curativa de la solidaridad

El cuidado de un enfermo de Alzheimer se asemeja en ocasiones a estar junto a alguien que se encuentra en otro mundo.

Quizás David Bowie inconscientemente captó cierta parte de esta tristeza en su canción “Life on Mars” (Vida en Marte) con la siguiente frase: “She walks through her sunken dream” (Ella camina a través de su sueño hundido). Cuando es tu abuela, tía, padre o hermano quien parece haberse perdido del mundo real, ese sueño lo percibes como tu peor pesadilla.

A pesar de los enormes desafíos que presentan estas situaciones, el tema “Dementia: living together” (La demencia: Viviendo juntos) del mes mundial del Alzheimer ofrece una nota de esperanza.

Se trata de un pensamiento sanador. Sugiere que podemos pulir la capacidad de reconocer una solidaridad indestructible con un ser querido, a pesar de cualquier pérdida degenerativa de la personalidad por medio de la cual lo hemos conocido y apreciado y compartido mutuamente nuestro amor.

Talvez la sociedad se esté orientando en una dirección de cooperación y mayores cuidados. “Viviendo juntos” está muy lejos de la experiencia de una joven enfermera psiquiátrica en etapa de capacitación que cubría “guardias de demencia” hace varias décadas. En aquellos tiempos, John Swinton, ahora profesor de la Universidad de Aberdeen, estaba impresionado por la manera en que los pacientes eran tratados como “‘objetos’ almacenados”. Sólo se les suministraba el cuidado básico dentro de un sistema que parecía actuar como si “quienes quiera que estas personas hayan sido, ya no valen la pena más que para brindarles el cuidado básico y el mínimo respeto”.

En el artículo “Theological Reflections on Personhood, Faith and Dementia” (Reflexiones teológicas sobre la personalidad, la fe y la demencia), Swinton registra los cambios prácticos que observó a su regreso como capellán del hospital veinte años después.

“Las actitudes y las rutinas eran considerablemente menos rígidas, más compasivas y cuidadosas. Por un lado, el sistema parecía empezar a considerar a las personas con demencia como seres importantes con necesidad de cuidado, amor, reconocimiento y, en ocasiones, protección”.

Sin embargo, también observó una gran necesidad de mayor avance. En su documento aborda la pregunta de la filosofía detrás del cuidado que ofrecemos y plantea cómo vemos a los enfermos de Alzheimer.

“¿Está perdida la persona en la demencia?” pregunta en una sección, antes de cuestionar la hipótesis de que una persona está “de cierta manera perdida en el proceso de la enfermedad” y debe percibirse ya como “muerta e ida”.

En cambio, desde una perspectiva cristiana, Swinton comenta: “Entendido de manera teológica y antropológica, el buen cuidado de la demencia está relacionado con dejar que las personas permanezcan en contacto con Dios y entre sí, a pesar de los estragos de la enfermedad”.

En el artículo del profesor Swinton – “Forgetting Whose We Are” (El olvido de quiénes somos) – presenta el ejemplo de una enfermera profundamente espiritual que reconoció la necesidad de las personas de sentir confianza en el cuidado continuo de Dios. La enfermera Margaret Hutchison ha descrito la experiencia de una anciana con demencia senil que deambulaba con inquietud por los corredores de un asilo repitiendo de manera continua una sola palabra. El personal del centro no podía entender su angustia y se sentía incapaz de calmarla.

Hasta que una enfermera se acercó y prestó atención a la palabra que repetía.  Era “Dios”. Decidió acompañar a la paciente por todo el corredor hasta que “en un destello de inspiración”, preguntó: “¿Te da miedo olvidar a Dios?”

Cuando la paciente respondió enfáticamente, “Sí”, la enfermera tuvo la capacidad de tranquilizarla diciéndole: “Aunque llegases a olvidarte de Dios, Él no se olvidará de ti. Él lo ha prometido”.

Según lo que explica Hutchison: “Para esta señora que estaba olvidando muchas cosas y estaba consciente de ello, esa promesa era lo que necesitaba escuchar. De inmediato, se sintió más tranquila, además de que cesó esa conducta particular. Ella respondió de manera positiva al cuidado que se extendió más allá de las necesidades del cuerpo y de la mente –el cuidado del espíritu humano”.

Este discernimiento espiritual apunta a lo que la fundadora de la Ciencia Cristiana Mary Baker Eddydescribió alguna vez como la “relación indestructible” entre Dios y sus hijos. El reconocimiento de esa conexión indeleble que cada uno tenemos con nuestro Creador puede brindarnos cierto consuelo en las situaciones más apremiantes.

En ocasiones, este reconocimiento puede tener un efecto aún más poderoso. Puede erradicar la enfermedad. En el caso particular de una persona, este hecho demostró ser cierto al suprimir y revertir un caso de Alzheimer que “la había conducido peligrosamente muy cerca del suicidio”. Un pastor la ayudó durante esa crisis y, posteriormente, se embarcó en una travesía extraordinaria de descubrimiento espiritual, en particular, explorando las ideas de Eddy en “Science and Health with Key to the Scriptures” (“Ciencia y salud con la llave de las Escrituras). Aunque no de manera inmediata, con el tiempo sus esfuerzos la condujeron a liberarse por completo de la demencia.

Un momento crucial fue cuando se dio cuenta de “que Dios es verdaderamente amor”:

“Tuve la posibilidad de amar a Dios completa y fervorosamente por primera vez en mi vida”.

Después de que el médico le confirmó la remisión espontánea, ella recuerda: “El médico y yo le dimos a mi esposo la noticia de que el diagnóstico se había revertido. Durante nuestros 40 años de casados, sólo en tres ocasiones anteriores lo había visto derramar lágrimas. Esta vez las lágrimas eran de felicidad”.

Muchas personas que brindan cuidados y luchan contra el sentimiento de frustración y pérdida que las asalta, entenderían la razón por la cual un giro como éste puede venir acompañado de tanta felicidad.

En cualquier caso de lucha contra la enfermedad, puede ayudar a las personas que brindan cuidados a pacientes y a los mismos pacientes saber que ninguno de ellos jamás puede hallarse separado del Amor divino que por siempre abriga a todos sus hijos en su preciosa individualidad.

Nunca podemos estar menos que “viviendo juntos” con Dios.

Tony Lobl es practicista de Ciencia Cristiana y escribe regularmente para The Huffington Post UK, The Independent y The Washington Post. Tony está a cargo de las relaciones con los medios de comunicación y con el gobierno del Reino Unido para la Iglesia de la Ciencia Cristiana.

 

Este artículo fue publicado originalmente en el diario The Washington Post.

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